Esta semana coincidí con el perro salchicha de mi edificio en el ascensor. Esta vez quien le  llevaba de paseo no era mi vecina octogenaria que normalmente lleva
Como el perro tardaba en entrar en el ascensor, su dueño me confesó que el pobre tenía cataratas y apenas veía. El ambiente se volvió más íntimo cuando me preguntó si yo pensaba que la operación era segura. Supongo -le contesté-
Lo que él no sabía era que se lo estaba preguntando a quien aguanta ocasionalmente los alaridos de su gata porque no es capaz de esterilizarla.

Esta semana coincidí con el perro salchicha de mi edificio en el ascensor. Esta vez quien le llevaba de paseo no era mi vecina octogenaria que normalmente lleva

Como el perro tardaba en entrar en el ascensor, su dueño me confesó que el pobre tenía cataratas y apenas veía. El ambiente se volvió más íntimo cuando me preguntó si yo pensaba que la operación era segura. Supongo -le contesté-

Lo que él no sabía era que se lo estaba preguntando a quien aguanta ocasionalmente los alaridos de su gata porque no es capaz de esterilizarla.

Esta semana coincidí con el perro salchicha de mi edificio en el ascensor. Esta vez quien le  llevaba de paseo no era mi vecina octogenaria que normalmente lleva
Como el perro tardaba en entrar en el ascensor, su dueño me confesó que el pobre tenía cataratas y apenas veía. El ambiente se volvió más íntimo cuando me preguntó si yo pensaba que la operación era segura. Supongo -le contesté-
Lo que él no sabía era que se lo estaba preguntando a quien aguanta ocasionalmente los alaridos de su gata porque no es capaz de esterilizarla.

Esta semana coincidí con el perro salchicha de mi edificio en el ascensor. Esta vez quien le llevaba de paseo no era mi vecina octogenaria que normalmente lleva

Como el perro tardaba en entrar en el ascensor, su dueño me confesó que el pobre tenía cataratas y apenas veía. El ambiente se volvió más íntimo cuando me preguntó si yo pensaba que la operación era segura. Supongo -le contesté-

Lo que él no sabía era que se lo estaba preguntando a quien aguanta ocasionalmente los alaridos de su gata porque no es capaz de esterilizarla.

Posted 2 years ago & Filed under cataratas, perro,

About:

Me llamo Rocío Lara y nací en Santander un 3 de julio. Pesé casi 5 kilos y me dio mucha pereza salir al mundo, quizás por eso me rompieron la clavícula al sacarme. Mi padre, que quería un niño tras dos niñas, se asustó al verme tan gorda, tan morena y con un brazo en cabestrillo. Desde ese día han pasado 25 años.

www.rociolara.com

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