Esta semana coincidí con el perro salchicha de mi edificio en el ascensor. Esta vez quien le llevaba de paseo no era mi vecina octogenaria que normalmente lleva
Como el perro tardaba en entrar en el ascensor, su dueño me confesó que el pobre tenía cataratas y apenas veía. El ambiente se volvió más íntimo cuando me preguntó si yo pensaba que la operación era segura. Supongo -le contesté-
Lo que él no sabía era que se lo estaba preguntando a quien aguanta ocasionalmente los alaridos de su gata porque no es capaz de esterilizarla.
Esta semana coincidí con el perro salchicha de mi edificio en el ascensor. Esta vez quien le llevaba de paseo no era mi vecina octogenaria que normalmente lleva
Como el perro tardaba en entrar en el ascensor, su dueño me confesó que el pobre tenía cataratas y apenas veía. El ambiente se volvió más íntimo cuando me preguntó si yo pensaba que la operación era segura. Supongo -le contesté-
Lo que él no sabía era que se lo estaba preguntando a quien aguanta ocasionalmente los alaridos de su gata porque no es capaz de esterilizarla.