De pequeña el cura de mi pueblo intentó, por activa y por pasiva, que entrara a formar parte del coro de la Iglesia. Nunca fui. A misa iba por los 20 duros que me daba mi madre y para ponerme aquel vestido de chaqueta y falda de Zara que tanto me gustaba y que al parecer era para “las ocasiones especiales”. En el instituto elegí SCR en un acto de rebeldía por todos aquellos años de religión que no me sirvieron para nada, ni siquiera para distinguir si Dios y José eran o no la misma persona.

Sin embargo, al menos hay un par de ocasiones a la semana donde en mi cabeza sólo cabe una frase !Ay Señoooor!. 

Suelo susurrarlo en mis adentros, pero a veces se me escapa sin darme cuenta.

De pequeña el cura de mi pueblo intentó, por activa y por pasiva, que entrara a formar parte del coro de la Iglesia. Nunca fui. A misa iba por los 20 duros que me daba mi madre y para ponerme aquel vestido de chaqueta y falda de Zara que tanto me gustaba y que al parecer era para “las ocasiones especiales”. En el instituto elegí SCR en un acto de rebeldía por todos aquellos años de religión que no me sirvieron para nada, ni siquiera para distinguir si Dios y José eran o no la misma persona.

Sin embargo, al menos hay un par de ocasiones a la semana donde en mi cabeza sólo cabe una frase !Ay Señoooor!.

Suelo susurrarlo en mis adentros, pero a veces se me escapa sin darme cuenta.

De pequeña el cura de mi pueblo intentó, por activa y por pasiva, que entrara a formar parte del coro de la Iglesia. Nunca fui. A misa iba por los 20 duros que me daba mi madre y para ponerme aquel vestido de chaqueta y falda de Zara que tanto me gustaba y que al parecer era para “las ocasiones especiales”. En el instituto elegí SCR en un acto de rebeldía por todos aquellos años de religión que no me sirvieron para nada, ni siquiera para distinguir si Dios y José eran o no la misma persona.

Sin embargo, al menos hay un par de ocasiones a la semana donde en mi cabeza sólo cabe una frase !Ay Señoooor!. 

Suelo susurrarlo en mis adentros, pero a veces se me escapa sin darme cuenta.

De pequeña el cura de mi pueblo intentó, por activa y por pasiva, que entrara a formar parte del coro de la Iglesia. Nunca fui. A misa iba por los 20 duros que me daba mi madre y para ponerme aquel vestido de chaqueta y falda de Zara que tanto me gustaba y que al parecer era para “las ocasiones especiales”. En el instituto elegí SCR en un acto de rebeldía por todos aquellos años de religión que no me sirvieron para nada, ni siquiera para distinguir si Dios y José eran o no la misma persona.

Sin embargo, al menos hay un par de ocasiones a la semana donde en mi cabeza sólo cabe una frase !Ay Señoooor!.

Suelo susurrarlo en mis adentros, pero a veces se me escapa sin darme cuenta.

Posted 1 year ago & Filed under paciencia, religión,

About:

Me llamo Rocío Lara y nací en Santander un 3 de julio. Pesé casi 5 kilos y me dio mucha pereza salir al mundo, quizás por eso me rompieron la clavícula al sacarme. Mi padre, que quería un niño tras dos niñas, se asustó al verme tan gorda, tan morena y con un brazo en cabestrillo. Desde ese día han pasado 25 años.

www.rociolara.com

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