Siempre quise tener pecas.
Los quitamanchas son una de las grandes mentiras de nuestra época. Y esto lo aprendí de mi madre. En mis 26 años de vida, que ya son, nunca me ha funcionado ninguno de estos artefactos. He comprado mil marcas y mil variantes, intentando ofrecerles el beneficio de la duda… pero no, las manchas siguen ahí.
Y si mis manchas son iguales de la del resto de los mortales, ¿cómo es que no nos hemos rebelado contra una industria que nos vende falsas esperanzas?
Hace unos meses decidí pasarme a los foros marujiles de Internet… y tampoco. Lo último que hice fue cocer hojas de laurel para recuperar un vestido desteñido. Huelga decir que el vestido nunca volvió a su estado natural y el mejunje lo único que hizo fue perfumarme la casa.
Así que he optado por tomarme estos pequeños accidentes domésticos como fatalidades del destino.
A veces los tweets se me enredan en el pelo.
Viernes*
*¡y el lunes fiesta!
Esta semana le he dado un mordisco a la manzana de Steve Jobs.
He pecado.
Ya lo dijo Bunbury… “Hoy no estoy para nadie”.
Por primera vez esta frase cobra sentido.
Yo siempre he sido muy de caída libre.
